Vivir en un barco, el mejor máster.

El 10 de enero se cumplió un año desde la primera vez que navegamos en Buganvilia y ayer se cumplió un año desde que nos dieron el primer zarpe.

Después de más de un mes arreglando el barco y tramitando la documentación que necesitábamos logramos zapar desde las BVI a St Barths, que manera de haber esperado ese momento.

A raíz de todos los recuerdos que me vienen al pensar que ya paso un año y uuff todo lo que vivimos, me dieron ganas de sentarme a escribir un listado de lo que hemos aprendido de esta experiencia. Creo que son miles de lecciones de vida y nuevas habilidades las que hemos aprendido con esto, seguramente muchas aún no hemos ni notado y la vida lo irá revelando.

Como navegantes de Buganvilia aprendimos:

Que navegar es reparar.

Que uno pre dispone pero la naturaleza y el barco disponen.

Que debes conocer tu barco.

Que lo barato sale caro.

Que lograr autonomía es clave.

Hasta donde podemos exigirle a nuestro barco.

“To be gentle” con el barco, como una vez nos aconsejaron.

Que si el motor del dinghy no parte puede que sea el carburador.

Que en las noches siempre algo brilla, hasta en las más oscuras.

Que hay noches sin luna y otras en que la luna parece una puesta de sol.

Que mientras no haya nada que chocar podemos garrear tranquilos un rato.

Que el pronóstico muchas veces no se cumple.

Que se puede tener una planta a bordo.

A activar los cinco sentidos, 24/7.

A abrir un coco.

A hacer buen pan.

A pescar.

A cuidar los recursos.

A hacer nuevos trucos en kitesurf.

A trabajar como un verdadero equipo.

Sobre mecánica.

Sobre herramientas.

Sobre humedad.

Sobre velas.

Sobre la fuerza del viento.

Sobre la compañía que puede significar la luna llena.

Sobre la compañía que puede significar un delfín o una tortuga.

A contemplar.

A ser incondicional.

A escuchar.

A perdonar.

A ser más natural.

Sobre la sencillez.

Sobre la auto aceptación.

A darle para adelante siempre.

A reírse de uno mismo y de las desgracias.

A vencer los miedos.

A conectar con la naturaleza.

A ser autosuficientes.

A ser más agradecidos por lo que tenemos y por los momentos que la vida nos entrega.

Que tu estado mental no depende del tamaño del espacio donde vivas si no que el espacio donde vivas se vera más o menos dependiendo de tu estado mental.

Navegando se ocupa el ingenio.

Navegando el instinto de supervivencia despierta y todo se soluciona con lo que se tiene a mano.

Navegando uno aprende a comunicarse con la naturaleza.

Navegando se aprende a leer el viento, el mar y las nubes.

Navegando se aprende a respetar la naturaleza.

Navegando se aprende a no planear.

Navegando siempre se prioriza lo práctico, lo eficiente.

Navegando deja de importar casi todo lo que no sea esencial.

Navegando aprendimos que todo depende de la perspectiva en que lo mires.

Podría seguir y seguir pero creo que lo dejaré ahí por ahora. Como le he dicho a Juani este ha sido el mejor máster que podría haber hecho, un verdadero máster de vida.

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